Aparcar en verano: el infierno sobre ruedas

ir a la playa es fácil. Solo necesitás: madrugar, tener fe en la humanidad, soportar a tu cuñada, cargar medio Decathlon en el maletero, sobrevivir al tráfico, esquivar a los conos humanos que “guardan sitio” y encontrar aparcamiento a menos de un código postal de distancia. Después de eso, la arena caliente, la ensaladilla tibia y la sombrilla que se clava como lanza vikinga en el ojo de alguien… ya son lo de menos.

Un episodio sobre la odisea de aparcar en verano. O cómo perdés la dignidad, la fe, y las ganas de vivir… antes de haber pisado el agua.

Y si eso te jode…

a nosotros también.

Pero ya ves, acá estamos. Buscando sitio y sentido 


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